Que agarrás cuando agarrás aire con el puño? agarrás la nada, la nada queda en tus manos; la nada que puede ser todo; la nada que puede ser una historia trascendente o algo pasajero que queda en la memoria o simplemente nada; la nada que florece, se pudre y muere; la nada que puede ser la vida, la vida que puede ser la nada.
El viento sopla, mueve la copa de los árboles, sus sombras dibujan rayas por las paredes de los edificios pitarrajean con oscuro y lo vuelven a borrar con luz. Eso es lo que ve el vagabundo tirado en la acera, con su perro quieto y durmiendo al que se le nota las costillas y por el ritmo de su respiración uno se da cuenta que duerme profundo, nada ni la miseria lo altera; el vagabundo de soslayo quiere derrepente convertirse en asesino, quiere jugar a ser Dios, miró y vio un gato y le pareció en ese instante que no merecía la vida, agarra lo primero que encuentra tanteando los cartones y lo lanza: el ladrillo cayó muy lejos, se partió a pedacitos y polvo, un ataque fallido. El gato ni se inmutó, miró raro, pero no lo desconcentró ni lo sacó de su duelo de miradas. Marchito se precipita al piso como quien perdió su oportunidad, el vagabundo se lanza al sueño con un sorbo de su caña, acomodando cartones vuelve a mirar la pared del edificio y las sombras de las copas de los árboles se dibujan varias formas extrañas que lo marean, cierra los ojos, intenta dormir, el viento le zumba el oido, lo despeina.
Tenemos muchas vidas,
tenemos muchas almas,
una para cada instante, para cada persona.
cada alma es como un portarretrato en la casa de la bisabuela, es un instante es una historia,
a veces una vive más las que otras.

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